Adolescencia, sexualidad y emociones

Modernamente se ubica la adolescencia entre  los 10  y los 19 años y se subclasifica en grupos de 10 a 13, 13 a 17  y 17 a 19. Esta clasificación permite que esperemos comportamientos y respuestas diferenciadas en cada caso sin caer en la antigua visión de paquete en que la adolescencia era “una” etapa de la vida.

Aquí podemos ubicar entonces el tema de la sexualidad, entendiendo esta como la forma en que nos expresamos en nuestra vida, nuestro sello de identidad en todos los comportamientos incluyendo los sexuales y los emocionales.

En la primera etapa denominada “adolescencia temprana” se anda muy cerca de la niñez y las emociones e intereses están girando alrededor  de los padres y el círculo familiar. La sexualidad se expresa en el mundo relacional del núcleo familiar y las emociones son propias de ese tipo de relación. La alegría, la tristeza, el juego, las fiestas, el miedo y sobre todo la capacidad para descubrir el mundo, su cuerpo, el de los otros, son parte de esta etapa y los comportamientos serán esperados y entendidos dentro de la normalidad de la etapa.

La segunda es llamada adolescencia media y es la más florida en la expresión de la sexualidad por que aquí se suma la experiencia del desarrollo sexual, del deseo, de las emociones pasionales , de los comportamientos ideales y románticos, de manera que la vergüenza, la culpa, el miedo, el disfrute, el querer, amar la satisfacción el erotismo y el autoerotismo, el deseo juegan un papel preponderante.

En esta etapa se desbordan los límites de la familia y entran en acción los pares o personas de su propia edad, adolescentes como ellos y ellas a quienes eligen como centro de su vida, desligándose de manera provisional del núcleo familiar . Su sexualidad se expresa en el mundo amical donde comparten los mismos procesos y las mismas expectativas. Esto como es de esperar genera conflictos de celos al interior de la casa y a veces hace que algunos de los amigotes o amigotas o panas no sean bien valoradas por los padres entendiendo que son la causa de esta separación que ellos no entienden como provisional.

La amistad , el enamoramiento, los noviazgos, el deseo sexual, la masturbación, los juegos sexuales y a veces hasta las relaciones sexuales caracterizan en lo sentimental y corporal a esta importante etapa. Si en ella se anidan miedos, tabúes, mitos, malos aprendizajes, serán posiblemente expresados  en el futuro  como respuestas alteradas en su vida emocional.

El deseo sexual es parte de ese desarrollo normal que permite la evolución de la vida de placer y reproducción de las personas. En la adolescencia el desear se convierte en un indicador de madurez  biológica y sicosocial. Es a la educación sexual a quien  corresponde orientar en  la canalización de estos factores para que sean aprovechados en la construcción de una identidad  sexual sana y responsable .

La última etapa se denomina “adolescencia tardía” y constituye una entrada a la vida joven adulta, es la devuelta a casa con mayor capacidad de valorar a la familia y de unirse de nuevo ya con nuevas adquisiciones como sería un novio o novia, la entrada a la universidad, mayor estabilidad emocional, entre otras.

Hablar de adolescencia ya no es posible sino se hace una categorización y decimos  de qué edad estamos hablando, de cuál etapa estamos   haciendo referencia para poder comprender que pasa por esos y esas adolescentes o igual poder  entender que si aparecen comportamientos extemporáneos, no esperados es porque algo no anda bien hay que poner mayor atención.

El sexo nos diferencia y la sexualidad nos expresa, pero en cada etapa y momento de la vida tienen sus formas específicas de hacerlo. Cada etapa tiene sus  comportamientos y sus emociones, entendiendo estas como sensaciones y percepciones, es decir un estado anímico que responde a las realidades diarias por las que atravesamos.

Por ejemplo podemos sentirnos bien o mal por algún evento ocurrido, dependiendo de la etapa de la adolescencia se asociará o con la relación con los padres o con los pares o con la novia o el novio. El sentimiento asociado condicionará nuestras respuestas y nuestros aprendizajes.

Una situación vivida puede condicionar a emociones negativas respecto a querer relacionarnos con otros u otras, con querer tener pareja, con evadir el sexo, por el contrario una experiencia de  felicidad y armonía en un hogar estable podría generar emociones y sentimientos favorables a la vida sexual, reproductiva y de pareja.

La idea sería que al conocer estas relaciones y sus determinantes trabajemos una educación sexual que reconozca  y pondere los elementos positivos de las emociones para poder construir de manera responsable una sexualidad que permita que nos expresemos desde la  felicidad y no desde el fracaso y la  frustración.

(Publicado en la revista Rexpuesta)

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